Todos deberíamos ser surfistas.

9a91eed8-56e3-4f9a-9260-22bdd0f70e4e

Cuando vivía en Santo Domingo desde mi ventana podía ver el mar. Lo mas cercano a mi retina era el mosquitero, una especie de red de alambre que se coloca en la ventana, cuya función es “impedir el ingreso” de los mosquitos (entraban igual). Luego veía un hermoso flanboyán, mi árbol preferido. En verano se llena de unas heromosas flores tropicales color fuego que me sigue impactando cada vez que veo uno y del que mi mamá siempre decía el refran: “Flamboyanes florecidos, estudiantes en problemas” (por la época en la que florecían antes, junio, momento de exámenes. Pero tanto el cambio climático como el curriculum escolar han hecho que esto varíe un poco.)

Un poco mas lejos podía ver esa linea perfecta a la que llamamos horizonte, el mar caribe tan azul característico de mi tierra, que a veces confundo con el Gatorade Cool Blue.  Aunque se dice que mi ciudad “no tiene playa” (solo Boca Chica, ubicada a unos 35kms del centro) en realidad si las hay. Son playas pequeñas que lamentablemente están muy contaminadas, no tenemos cultura de frecuentarlas y tristemente mucho menos de cuidarlas. Siempre escuché a mi papá decir que el “Dominicano per se” vive con el mar en su espalda, y este dicho no puede ser mas literal. El crecimiento que he podido ver de esta hermosa ciudad que me vio nacer y crecer, no arranca por ahí. Todo lo contrario, el crecimiento a nivel de infraestructura ha sido justamente de espaldas a el, tirando más hacia el norte y al centro, dejando muy de lado nuestro hermoso y tan potencial Malecón.

En mi adolescencia tuve un noviecito diferente a ese “dominicano per se” al que  se refería mi papá. Este dominicano vivía en Santo Domingo y frecuentaba constantemente una de estas playas, Playa Güibia, (está a 15 minutos caminando desde mi casa) donde surfeaba. Yo recuerdo que siempre que pasaba por ahí veía muchas siluetas practicando este deporte, y me parecía tan curioso cómo este grupo sin importar el estado insalubre en el que me imaginaba que estaba esta playa, no lo dudaban un segundo y los veía diariamente ahí dentro. Llegó un momento en que empecé a soñar con poder hacerlo yo también alguna vez, pero también llegó mucho miedo porque nunca tuve una clase de natación y para serte sincera me aterraba muchísimo cuando me imaginaba dentro de esta playa. Escuchaba historias de cosas que flotaban y demás…

Aunque nunca lo intenté, isleña al fin me vi de igual manera un poco inmersa en ese mundo a pesar de haber terminado mi relación. En ese momento de mi vida comprar un traje de baño era algo que se hacia constantemente, no solo en algunos meses del año. Las marcas que consumía eran las grandes marcas de este mundillo surfero, y ahora que lo pienso, no era solo traje de baño, vivía en una isla del caribe! La mayoría de mi indumentaria era de esas marcas, las cuales obviamente tenían como embajadoras y/o modelos a mujeres muy diferentes a mi.  Además, recuerdo cuando salió la película Blue Crush, con Kate Bosworth y Michelle Rodríguez (btw she is Dominican too!) , eso fue una bomba para mi! Mujeres, jóvenes, independientes y surfistas que tenían una vida difícil pero aun así se apoyaban entre ellas en un deporte dominado mostly by mens. (btw el soundtrack me sigue gustando, escúchalo aquí.)

Pero bueno, eso era solo otra película cliché mas de Hollywood, no? Como The Endless Summer, Point Break… Mi vida era completamente diferente a la de estas chicas, los años fueron pasando, las responsabilidades llegando y los miedos incrementando. Recién en el 2012 tuve mi primer encuentro con el surf. Y adivina qué? No fue en Dominicana, ni siquiera en mi amado Mar Caribe. Me tocó en el Océano Atlantico, frío y marrón de la Costa Atlántica Argentina, para ser exactos en un lugar tradicional de vacaciones de verano llamado Santa Teresita. Tomé la clase con el típico surfer que veía (y lamentablemente aún sigo viendo casi exclusivamente) en las revistas, películas y publicidades: alto, delgado, rubio, exceso de bronceado, six pack perfecto… Una clase de una hora donde básicamente lo único que hice fue tragar agua y pasar mucho frío. Aunque era pleno verano el agua estaba helada, nada como El Caribe mi gente.  De igual manera fue una experiencia inolvidable para mi ya que estaba atreviéndome a hacer algo que tenía mas de una década guardado en mi. Ya habían pasado muchos años pero las ganas nunca se habían ido definitivamente. La vaina es que en una hora de clase no hay muchas chances de que algo mágico suceda, y solo estuve por esa noche en la costa. Al residir en Buenos Aires, donde la playa mas cercana me queda a unas cuantas horas, no pude seguirle el ritmo y ahí quedó mi clase magistral con el surfer dude (otra de esas películas que te dije de Hollywood.)

Cuando supe que viajaba a Dominicana para navidad decidí volver a intentarlo, pero sobre todo entender y conocer un poco más sobre este deporte que realmente va mucho más allá de subirnos a montar unas “olitas”. Con la locura de #afrohunting se me ocurre cada cosa, así que como mi amiga Ivanna viene practicándolo desde hace un tiempo, me le pegué en unas de sus visitas a la playa. Llegamos a La Boya, (30 mins en auto desde casa) y ya había coordinado todo con el instructor Rene Gough, surfista dominicano que aprendió gracias a su papá, también surfista. Rene tiene más de 20 años practicándolo y ha participado en dos ocasiones en los Juegos Panamericanos de Surf representando nuestro a país. El y Natalie Camargo llevan la escuela Ocean Soul RD , donde dan clases para que mas personas lo practiquen, partiendo siempre desde la pasión y el amor que le tienen a este hermoso deporte y estilo de vida.

Ni bien llegamos me hizo click el hecho de que casi todos los vehículos que estaban estaciónados eran jeepetas, me dije a mi misma “ahh! Pero al surf le va bien aquí. Dentro de una de estas jeeptas habían 2 chicos tocando un ukelele y fumando, me dije a mi misma: “ahh! Pero esto no solo pasa en las películas”. También me hizo click cuando dentro del agua me di cuenta que éramos más de 8 chicas, me dije a mi misma: “ahh, esto definitivamente no es un deporte solo de hombres” y se me prendió el bombillito de la curiosidad cuando también me di cuenta que la única que no podía peinar su pelo ni bien salimos era yo, y que el que podía entenderme porque tenía mi mismo pelo era Bryan, un chico de la comunidad que asistió a René en la clase. El forma parte de un club que formaron René y Natalie también. Con mas de 7 años como surfista, Natalie Camargo además de ser instructora de surf para la escuela, lleva a cabo el proyecto comunitario La Boya Surf Club,en el que a parte de brindarles clases de surf a los chicos de esta comunidad, también les enseñan educación ambiental, ayudándolos a ser mas conscientes sobre su propia playa. Ya son mas de 20 los chicos que forman parte de este club, incluyendo a Ana Maria, una niña de 9 años quien es la primera surfista nativa de Andrés de Boca Chica, de la que todo el mundo me habló maravillas pero que no pude conocer. Y es que era yo la que estaba de vacaciones, Ana Maria para poder surfear debe asistir sin excusas a su escuela, y creanme que tanto Natalie como Rene están bien pendientes de esto. 

Volviendo a mi clase, siento que no estuve tan terrible como aquella vez en Santa Teresita, no se si fue mi conexión con mi propio mar, la conexión de recibir las clases de un compatriota, o la conexión conmigo misma… Algunas milésimas de segundos pude sostenerme sobre la tabla, así que como dicen en mi tierra “quedé afiebrá” (muchas ganas de algo) de intentarlo nuevamente. Cuando volví a casa, aunque me dolían músculos que no conocía ni su existencia, me puse a investigar más sobre este deporte en el país. Mi mamá me contó que en su época de juventud su hermano también surfeaba en Güibia con sus amigos y que siempre ha sido un deporte practicado most of the times por la clase media-alta, al menos en Santo Domingo. Yo ya sabía que en la Costa Norte del país hay una cultura mucho mas presente de este deporte así que con mi amiga Massiel tomamos la decisión de ir a pasar unos días para tomar clases y además investigar un poco más.

Ya estamos en Cabarete, uno de mis lugares favoritos en todo el país, el cual tenía 10 años sin visitar. Es reconocida internacionalmente por sus playas perfectas para la practica de Kitesurf (esto es otra vaina), y donde queda Playa Encuentro que según dicen algunos es la mejor del país para practicar este deporte. Justamente la última vez que estuve en Cabarete fue para el Master of The Ocean 2009, evento que se realiza todos los años en donde se compite a nivel internacional disciplinas como el surf, kitesurfing, windsurfing, y SUP.

En Cabarete todo era diferente. No habían tantas jeepetas, muchos tenían el pelo como yo y escuché bachata de fondo. Me sentía en casa <3. Mi hermano estuvo hace poco viviendo por unos meses con su familia ahí y me puso en contacto con Ricky, instructor de Kitesurf y nativo de Cabrera, otra joyita de mi isla. Nos encontramos con el en Café Vagamundo, un lugar que quiero que sea el patio de mi casa y donde la buena onda abunda (esa es la magia de todo Cabarete). Le comenté de mi investigación y me puso rápidamente en contacto con Bobo, instructor de surf en Playa Encuentro (a unos 6kms de distancia del centro de Cabarete), y coordinamos con el para ir directamente hasta allá.

Llegar a Playa Encuentro fue todo un encuentro. No recordaba el camino asfaltado ni mucho menos la gran cantidad de casas y hasta edificios que hay. Vi muchos departamentos, hostels y hasta surf camps, pero también sigue estando esa flora tropical que me apasiona, algunos animales sueltos en la naturaleza y algunos guachimanes (personas encargadas de la seguridad) que te sonríen solo por que si y te desean feliz año aunque ya era 7 de enero. Nos estacionamos, antes de encontrarnos con el océano inmenso del Atlántico nos topamos como con mil tablas de todos los colores del arcoiris, varias escuelas de surf, creo que hasta un surf shop, duchas, baños, un lugar para comer… todo un mundo! Preguntamos por Bobo y en poco tiempo estábamos en Bobos Point escuchando Bobos history.

Al igual que muchos capitaleños (así le decimos a los de Santo Domingo) Bobo se mudó a la Costa Norte en búsqueda de una vida diferente. Aunque su padre quería que el fuese arquitecto, Bobo siguió su pasión por el mar y hoy, 20 años después, es instructor de surf en Playa Encuentro. Tomar la clase con el fue muy especial, ya yo venía con la técnica brindada por Rene, así que su clase fue muy “all about the feeling”, como el mismo dice. Su clase fue más espiritual enfocada en como nos sentimos dentro del agua y como este deporte nos ayuda a crear una mejor sociedad gracias a el nivel de autoconocimiento y auto-conciencia que nos puede llegar a brindar. 

En Cabarete también conocí a la Fundación Mariposa (Pronto un post exclusivo porque me voló la cabeza!) a la que hace rato les vengo siguiendo el rastro por las redes sociales. Su programa de surf inició en el 2012  y con el ingreso de Pamela Cuadros, surfista dominicana, quién además de ser la diseñadora gráfica de la fundación ,es la instructora de su Campamento de Verano. Pamela con ayuda de otro instructor y el soporte de la escuela de surf 321 Take Off , enseña el deporte a nuevas niñas  y continua entrenando cada año a las mas avanzadas. Al final del verano realizan una competencia de surf solo para ellas, en el que ya asisten 150 niñas de la Fundación con sus familiares, amigos y voluntarios.

Me emocioné mucho con el trabajo tanto de La Boya como de la Fundación Mariposa porque se que a pesar de que nuestro pais está en pleno caribe y es un destino turístico, es increible pero cierto que la gran mayoría de personas no saben nadar, incluyendome. Una cosa es no ahogarme y “defenderme bajo el agual” y otra es saber nadar correctamente. Pamela me cuenta que muchos padres ni quieren que sus hijas vayan al mar por miedo. Estos proyectos les enseñan a también a nadar, despertando confianza, superando el miedo y sobre todo creando sueños. Por mi parte lo que despertó en mi fue la curiosidad de seguir aprendiendo y entendiendo mas de este deporte, que como dije antes no es solo subirnos a montar unas olitas.  Es enfrentar miedos, es conectarnos con la naturaleza y con nosotros mismos, es la energía de nuestro mar y como dice Bobo, “its all about the feeling.” Esto me hizo pensar en que así como Chimamanda dice que Todos deberíamos ser Feministas, tal vez todos deberíamos ser surfistas, no?

leasterisco

Small island girl living in a big city.

2 comentarios sobre “Todos deberíamos ser surfistas.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.