Mis trenzas violetas y su magia.

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Cuando inició el año me propuse como una de las metas principales SALIR DE MI ZONA DE CONFORT. Ese lugar tan cómodo y seguro en el que llevo tanto tiempo no hace mas que limitar mi ser, así que ahora que ya tengo treinta años (OK, WOW!) creo que es hora de dejarlo atrás. Es hora de atreverme, de jugármela y de hacer! Llevo tiempo jugando con las trenzas, es cierto, pero nunca me había atrevido a meterles algo de color aun teniéndole todas las ganas. Será que ya estoy grande? será que en el trabajo me dirán algo? será que quedo ridícula? Todas estas preguntas al parecer eran más importantes que mis propias ganas de hacerlo.

A ver, tampoco es que quiero un arcoiris en mi cabeza (cosa que tampoco me parece tan grave si realmente le tengo ganas.) Metí solo un paquete de kanekalon (el tipo de pelo que utilizo para las trenzas) de color violeta/púrpura/morado porque ademas de que siempre me ha gustado este color, leí por ahí que las personas amantes del color violeta tienen mentes libres de prejuicios y se separan de los dogmas establecidos, les gusta la magia, y tratan de disfrutar al máximo de los cristalinos sentimientos del corazón. Al parecer va perfecto con lo que tengo en mente!

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El repollo morado, la piedra amatista, la flor del alcaucil que hace poco postié en mi instagram,  la violeta africana, la remolacha, son algunas de las cosas que me encantan que tienen este color. El chakra coronilla de la iluminación total y la unión con el cosmos tiene este color, y supuestamente es también el color de la fe y la magia. Pantone también lo eligió como el color del año 2018. La flor púrpura de Chimamanda,uno de mis libros favoritos que leí el año pasado también tiene este color.:)

La cuestión es que si, me atreví a ponerle color a mis trenzas y me siento muy bien! No me dijeron nada en el trabajo, no me sentí ridícula en ninguna ocasión y tampoco sentí que ya estaba muy ¨adulta¨ para este peinado. Me siento confiada, segura de mis decisiones y poderosamente mágica!! será que el color crea estos efectos en mi?  No lo se, pero lo que si se es que esa zona de confort quedó atrás para abrirme a esa nueva yo que estaba guardada y ahora salió con todo.

Salió para no estar mas guardada ante los deseos o ideas de los demás, salió para actuar mas y dejar de solo desear, salió para aprender todo lo que había dejado a un lado por miedos o dudas y sobre todo salió para poder empoderar y concientizar a lxs que aun están ahí dentro donde estaba yo. Y ese lugar no es mas que la famosa zona de confort, esa en donde nos sentimos seguros sin riesgos, sobresaltos pero también sin incentivos. Este año decido dejarlo atrás y olvidarme de esa vaina! Ahora mi zona de confort es justamente salir de ella.

Por mas trenzas coloridas, por más magia violeta, por mas confianza en nosotras y mas incentivos!

 

Yo y mis trenzas (II)

Hace un tiempo había publicado un post sobre las trenzas aquí, pero como vengo experimentando mas con ellas decidí hacer un nuevo post y contarles mi grata experiencia, ademas quiero compartir lo que he aprendido en mi nuevo proceso de reconocimiento como mujer afrodescendiente. Como muchos ya saben, en República Dominicana el pelo es un tema muy presente desde que somos muy niñas. El famoso pelo bueno y pelo malo, los pasadías en la peluquería y el estar siempre ¨arreglada¨ son cosas que todas conocemos.

El estar arreglada significaba invertir todas las semanas aproximadamente 5 horas en la peluquería. Esperar atenta a que llegara tu turno fijándote siempre en que no te ¨brincaran la tablita¨, expresión que utilizaba mi mamá cuando se refería a que te saltaran tu turno.

Este tiempo invertido era dividido así:

Lavado de cabello: Mínimo 3 veces el uso del shampoo con masajes super fuertes que practicamente sacaban brillo al cuero cabelludo, obviamente con todos los sulfatos y parabenos que existían! Aint nobody got time for that!  Luego el rinse o acondicionador, utilizado para desenredar el pelo y ahí venían los masajes placenteros (después de los interminables jalones con el peine), siempre y cuando la peluquera estuviese de buen humor.

El arte de los rolos: Dividir el pelo bien era clave para que el cabello quedara como debía de quedar, no todo el mundo manejaba con precisión dicho arte. Mientras mas grande el rolo mas rápido secaba el pelo, así que aunque tuviese un corte bob rogaba por que los hicieran siempre lo mas grande posible. Seguimos con la peor parte de todo esto, mínimamente 45 minutos bajo el secador de pelo: un aparato que sigue aterrandome, no solo por que los pinchos de metal que me sujetaban el pelo se recalentaban ahí dentro y me quemaban, sino también porque era solo a mi a la que le tocaba dicha tortura. Estar dentro del secador significaba que tu pelo era malo y necesitaba ese proceso obligatoriamente.  Mi hermana y mi mamá lavaban su pelo y pasaban directo al blower. Era el momento de ver las revistas y justamente seguir el patrón de lo que veía ahí, mujeres esbeltas, rubias y con un pelo tan lacio que parecía baba. Aunque en el salón había música, y se dialogaba eternamente de todo, en ese momento me sentía totalmente sola. El ruido de este aparato no te permite comunicarte con los demás y tampoco escuchar el chisme del momento del que hablaban todas las que estaban fuera.

Pasar el blower: Aquí reside la magia, esto cambia todo. Es el antes y el después en tu vida. Sales del secador, achicharrada, cansada, agotada y aun así tu pelo necesita mas calor para que por lo menos aparente ser bueno. El truco era pasarlo bien en las raíces así el crecimiento de mi pelo natural sin alisar se notaba lo menos posible.

El Tubi: Tanto tiempo invertido debe de ser cuidado, entonces para evitar que la humedad de la isla nos infle el pelo nos hacíamos un tubi. Es un peinado que envuelve todo tu pelo solo con pinchos que lo sostengan. Nunca supe hacerme uno sin que se me marcara, el punto de este peinado es justamente que no quede marcado nada, ni siquiera la onda natural que le puede dar el clima al cabello.

Describo todo esto para explicar cómo pasaba todas mis tardes de los sábados en el Salón Elena frente a casa de mi abuela. Esto sin entrar en detalles de los días que tenía que hacer todo esto más el desrrizado, mechas, manicuria o depilación de cejas…

Mujer dominicana al fin sigo invirtiendo tiempo en las peluquerías pero esta vez de una manera distinta. Primeramente no invierto más tiempo en cambiar lo que soy, en sufrir y poner en riesgo mi salud física y mental por entrar en los estereotipos de la belleza. Mi inversión va más de la mano con descubrirme, conocerme y sobre todo entender mi cabello, ahí volvieron las trenzas a mi vida. Puedo hacerme en todo el pelo, proceso que dura aproximadamente 6 horas y las dejo por 2 meses, o puedo hacerme variaciones como las que llevo ahora que me toman 30 minutos. La cuestión es no torturarme mas en ser otra mas,sino mas bien aprender de mis acestralidad negro-africana.

Hace unos días leí este hermoso articulo en INTOTHEGLOSS sobre las trenzas en el que varias mujeres comparten sus diferentes puntos de vistas y experiencias con ellas. Me encantaría armar un grupo en Buenos Aires para compartir estos temas! Aquí comparto 2 vídeos que me parecen interesante para seguir conociéndonos entre todas.

Por mas aceptación, entendimiento y amor por nuestro pelo, pues no es solo pelo, es nuestra corona!!!

Productos para pelo afro en Argentina?

Productos para pelo afro en Argentina?
Ilustraciones de Eb Illustration

En estos 7 años que tengo viviendo en Argentina nunca compré nada para mi pelo, mas que kanekalon para las trenzas o tintura para cambiar el color. Gracias a mi trabajo puedo viajar con frecuencia a Dominicana y siempre que voy vengo equipada con productos que se que aquí son imposibles de conseguir. Desde hace unas semanas vengo viendo que la marca Garnier  llegó al país, cuando vivía en la isla muchas veces llegué a utilizarla con buenos resultados, así que decidí darle un chance a su nueva linea para rizos y ver que tal.

El shampoo no lo compré porque tiene sulfatos, un ingrediente que hace mucho tiempo dejé de usar en mi cabello. Acondicionador tampoco, realmente no necesito, aún me quedan 2 potes completos que compré en Miss Rizos, en mi último viaje a la isla. Así que compré la crema sin enjuague y el oleo fortificante. Compré todo en Supermercados Coto a menos de $190 ambas cosas. Punto a favor pues es un lugar que se puede acceder sin problema y el precio me pareció decente.

Vamos por pasos:

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La crema de enjuague: Es el producto que más rápido consumo pues mi pelo es muy seco y necesita mucha hidratación. Es la crema que utilizo después de lavarlo para peinar. No se enjuaga y se coloca con el pelo húmedo. Con las trenzas no la uso directamente en el pelo, pero si en mi spray que armé de uso diario junto a aceite de coco, jojoba, argan y agua. Rocío todas las mañanas el pelo con esto y es como mi refresh capilar. Con el pelo natural me dio buenos resultados, no es muy espeso así que la humedad de Buenos Aires no me afecta en el pelo. Me encantó el aroma, tiene aceite de coco (mi favorito) y además costó menos de $90. (un palo!)

El Oleo: Me enamoré del olor. Este producto lo uso con las trenzas en el cuero cabelludo. Con el pelo natural sirve mucho para darle brillo, lo puedes usar con el pelo húmedo antes de peinar y con el pelo seco, yo siempre lo uso de esta última forma, ya con el pelo listo para salir. Creo que pagué menos de $100 y rinde bastante.

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Feliz de finalmente poder encontrar productos para mi tipo de pelo en Buenos Aires, en mi sección de afrohunting justo quiero dar a conocer otras personas que seguro los necesitan también ya que cada vez son mas los afros que veo por aquí. Me hubiese gustado ver algún afro en la publicidad de garnier, me encantaría probar su línea Whole blends, me gustaría ver más opciones de marcas en el pais, pero de a poco nos vamos abriendo caminos. Yo misma espero tener un post pronto sobre mi serum capilar que estoy co-creando en TWOTONES.

Por mas productos para afros en Buenos Aires!!

Yo y mis trenzas.

Cuando era muy niña solíamos ir los fines de semana a Boca Chica, una playa ubicada a menos de 40kms de Santo Domingo. A parte de la arena blanca, el agua transparente y un caloraso infernal, también había música fuerte, sillas coloridas, y mujeres que cargaban una ponchera (balde) en la cabeza lleno de utensilios para hacer trenzas a las gringas que rondaban siempre la zona. Pocas eran las dominicanas que veía con trenzas en el pelo, era como un peinado destinado para las turistas exclusivamente. Aunque algunas veces había una que otra niña local correteando y emitiendo ese sonido que hacen las bolitas de plástico que nos ponían en las puntas como decoración de las mismas.


Después dejamos de ir a esa playa, dejé de ver a esas niñas y dejé de hacerme trenzas yo también. Empecé a alisar mi pelo cuanto tenía 7 años y no fue hasta que cumplí 21 que dejé de hacerlo, pero recién cuando cumplí los 24 volví a hacerme trenzas por primera vez desde aquella época. Ya no estaba mas en esa playa paradisíaca del mar caribe escuchando a mi papá gritar con una sonrisa y un vaso de foam en la mano. Tampoco estaba mi mamá con los sandwichitos que preparaba la noche anterior. Mucho menos mi tía que llevaba la olla con los famosos espaguetis, ni tampoco mis hermanos jugando en la orilla con la arena.


Esta vez fue en Constitución, un barrio de la Ciudad de Buenos Aires en donde conviven la mayor cantidad de Dominicanos. En la peluquería de Daniela, una compatriota que en ese momento tenia 18 años y ya sabía hacer todo lo referente a la ¨belleza¨ que se puede hacer una mujer, dígase: lavar el pelo, rolos, secar con blower (brushing), maquillaje, depilación, pedicuria y manicuria, color, corte, alisado, perfilado de cejas, y por supuesto mis tan queridas y añoradas trenzas. Casi 6 horas estuve sentada en esa peluquería, obviamente al ritmo de Anthony Santos, comiéndome una bandera dominicana, y bebiendo cerveza. Esto ayudó a que en ningún momento estuviera aburrida, la verdad es que fue bastante divertido.


Cuando hice mi trenzas aquella vez me sentí muy bien. Había leído sobre la historia de estos peinados, me sentí hermosa, me sentí orgullosa y me sentí  especial. Así que volví a hacérmelas varias veces después. Esta vez me las hizo Paz, mi nueva amiga argentina que aprendió a hacerlas gracias a una compatriota dominicana. Estuvimos toda una tarde en casa, charlando, comiendo, riendo y disfrutando ese momento. Porque las trenzas son mas que un peinado. Es ese momento que compartes parte de tu femineidad con otra mujer, es ese cumplido que te da esa otra chica en el tren que no conoce nada pero le encanta, es esa sonrisa que le sacas a tu compañera afrodescendiente caminando por la calle. Pero sobre todo es la inspiración que le puedes dar a cualquier otra persona a que se atreva a llevarlo y a conocer su historia.

Por mas chicas trenzadas en Buenos Aires, Boca Chica y todo el mundo!